De entre los grandes, el Mayor

Ignacio Agramonte y LoynazIgnacio Agramonte- y Loynaz, que tenía madre- es mi héroe favorito de la Guerra de los Diez Años. No por camagüeyano, lo juro, nada que ver yo con los chouvisnismos. La cosa está en que este hombre- diamante con alma de beso como nos lo bautizó Martí- me recuerda al Héctor de la Ilíada: bello y bueno, íntegro y compremetido, sanjado entre los dos amores irreconciliables e irremediablemente amados a la par: la patria y la familia.
Era un “mango”, como diría la más postmoderna adolescente cubana; un hombre alto, vistoso, delgado, con una blancura casi angelical y una mirada de paz que arrolla. Amalia quedó prendada de él al punto que se la puso en China al padre cuando se quiso hacer el recio y negó la petición matrimonial al joven: “no te daré el disgusto, papá, de casarme en contra de tu voluntad, pero si no con Ignacio, con nadie lo haré”.
Su amor, sin dudas el más famoso de todos los amores revolucionarios de mi Isla, empezó a lo Capuleto-Montesco y terminó a lo Abelardo y Eloísa, con muchas cartas de añoranza por medio.
Teniéndolo todo en casa, todavía hoy la más céntrica de la ciudad de Camagüey, se lanzó a la manigua a lucharle libertad a Cuba y a sus hermanos cubanos. No me parece nada extraño que algunos de mis contemporáneos, como el Alejo, sospechen de esta totalmente incongruente conducta… ¿quién que tiene, hoy día, se preocupa por el que no? Es algo tan raro que historiadores y filósofos sólo alcanzan a nombrarlo “suicidio de clase”.
La cosa es que estaba “arrestao” el flaquito. Siendo un señorito, un hijo de papi y mami, un abogado, llegó al monte y en cuestión de un año se ganó el respeto de esclavos, inmigrantes, hombres duros de la guerra a los que convirtió en la más organizada caballería militar mambisa.
Amalia se fue a vivir en fincas de turno por verlo y parirle hijos allá y el mito dice, en demasiadas voces como para no creerlo, que nunca… NUNCA! le fue infiel, cosa que hace que las mujeres le valoremos el triple.
Su muerte, casualidad inmisericorde, sorpendió hasta a los captores temorosos de aquel Dios de la guerra …“y su cadáver augusto quemaron en Camagüey, porque el muerto daba susto a los soldados del Rey”.
Durante la década de contienda, otros alcanzaron los mismos grados de Mayor General, pero su tropa le salvaguardó el título con celo. Se cuenta que, cuando mandaron a Gómez a asumir el mando de las tropas camagüeyanas ante su muerte, alguien lo presentó igualmente como el Mayor (a fin de cuentas, también lo era); pero el teniente coronel Henry Reeve, con el mayor respeto del mundo, aclaró: “El Mayor fue solo uno y murió en Jimaguayú”.
Yo no quería faltarle hoy a las letras, que es su cumple y tenía que celebrarlo en mi nube. Pero lo bueno-bueno no es lo que he llovido arriba, sino esto que viene abajo y que encontré en un librito justo ayer. Siempre he pensado que para conocer a un jefe, nada mejor que la opinión de un subordinado, y como mi colega Pepe Martí sí que era tremendo periodista, nos legó esa posibilidad desde Patria para yo compartírsela a ustedes hoy:

(entrevista a un mambí de la Guerra de los Diez años que luchó bajo las órdenes de Ignacio Agramonte:)

“Aquello era valor”, decía el hombre de guerra, ¡y lo que lo queríamos! Verlo no más, con aquellos ojazos y aquellos labios apretados, daban ganas de morir por él: ¡siempre tan limpio! ¡siempre el primero en despertarse, y el último en dormirse! A su mujer, ¡cómo la quería aquel hombre! ¡se conocía cuando penaba en ella; porque era cuando se paseaba muy de prisa, con las manos a la espalda, arriba y abajo! Cuando nos regañaba, no lo hacía nunca delante de los demás; ¡era demasiado hombre para eso! Nos llevaba a un rincón de su rancho, o a un tronco de árbol, allá lejos, y nos echaba un discurso de honor, y como con su manaza tenía él un gesto, al hablar vivo, como quien echa sal, ya decía la gente, cuando lo veía así a uno con él: “¡Hum! Ya lo está salando El Mayor!”- Así era como le decíamos siempre: El Mayor. ¡Y valiente! Él creía que cuando estaba con los rifleros de Las Villas y la caballería de Camagüey, ¡no había España!- ¡y no había España!
¿Qué si era bueno Ignacio Agramonte? Yo me acuerdo cuando Rafael Hernández, el capitán de los chinos, uno que tenía los ojos azules y la barba colorada, y un día medio cortó a un chino, yo no sé por qué, los chinos eran grandes patriotas; no hay caso de que un chino haya traicionado nunca: un chino, aunque lo cojan, no hay peligro: “no sabo”, nadie lo saca de su “no sabo”. Rafael Hernández se fue a ver a Agramonte, a que le quitara los chinos. La conversación fue allá en un tronco, y la mano del Mayor iba y venía, como si la salazón fuera muy grande, y nosotros, curiosísimos, le preguntamos a Hernández a la vuelta:
¿Qué tal? ¿Ya te los quitó El Mayor?
– ¿Quitar? Si yo sé lo que iba a pasarme, ¡qué voy yo a ir! Más nunca vuelvo yo a ir donde ese hombre. He salido que creo que si vuelvo a nir allá, me hago hasta padre de los chinos esos.

(Martí, José: Obras Completas, t.4, “Conversación con un hombre de guerra”, publicado en Patria, 28 de noviembre de 1893, p.460.)

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Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
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9 respuestas a De entre los grandes, el Mayor

  1. mire dijo:

    El Mayor gran orgullo camagüeyano, y Martí orgullo cubano. Me encanta este fragmento lo voy a leer en cuanto llegue a casa

  2. Orlando dijo:

    Yo también soy fan de la personalidad del Mayor. Siempre he admirado la hazaña del Rescate de Sanguily, me parece una acción de guerra genial.

    • nubedealivio dijo:

      Lo de Sanguily es ya leyenda, de tan insólito el hecho parece cuento. Pero esas son las cosas que hacían tan grande al Mayor, verdad? Gracias por visitar la nube. Ahhh, sabes algo, el preuniversitario donde estudié en Sola se llamaba Rescate de Sanguily, así de cerquita lo he tenido siempre. Un beso.

  3. Me gustó mucho, María Antonieta. Creo que todos, camagüeyanos o no, le debemos a Ignacio textos así de cálidos que refieran su grandeza desde la cercanía, no desde la distancia. Como siempre pasa cuando se hace bien, se pone uno a hablar del hombre y al final se da cuenta de que tiene en la boca al héroe.

    • nubedealivio dijo:

      Mila de mi corazón, siempre que veo acá un comentario tuyo, brinco como un resorte con hipo jajaja de alegría y emoción. Gracias por tu aliento de bloguero experimentado, que sabe lo que le llenan a uno estas letras amigas. Del Mayor, creo que seguiremos contando historias juntos, porque aún a sus 170 tiene mucho para enseñarnos. un beso de nube feliz para ti, y para todos los que entren aquí.

  4. Esa es la mejor manera de hablar de los grandes Mary, con el corazón en la mano y la palabra sencilla.

  5. leniacuba dijo:

    María me gustó mucho y concuerdo con el comentario de Milanés, esa es la mejor forma de demostrar la grandeza de un héroe, hablando del hombre que fue.

    • nubedealivio dijo:

      Leniacuba, al fin mijita, ya yo estaba brava con usted, por no pasar a ver a su sobrina nube jajajaja Tú tan cuadrito como siempre, tenías que empezar por el post del héroe jajajaja na’, es broma, tú sabes. Gracias por leerme, aunque eso te toca por plantilla jajajaja Te quiero, mi hermanita. Un beso.

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