Réquiem por el Mogambo

cafetería Mogambo Cisneros CamagüeyEn mis nada lejanos tiempos de estudiante, la cafetería El Mogambo era el oasis de los bolsillos deprimidos. Mi pequeño grupo de estudios, recurrentemente acampado en los interiores de la Biblioteca Provincial, escapaba a comprar en aquel lugarcito modesto y oscuro las salvadoras empanadillitas o cangrejitos, a cuatro por peso, los panes con croqueta, los refrescos de polvito… ofertas ellas tan a tono con nuestro apetito y con nuestro presupuesto.

No era solo cuestión de cercanía geográfica. Allí, a una cuadra no más, estaba “La Perla”, con su perenne y repugnante olor a pollo frito; pero supongo que, igual que a nosotras, al camagüeyano promedio- trabajador o transeúnte de esta porción central del “pueblo”- no le alcanzara a compartimentar el salario entre cosas básicas como transporte, aseo personal, un par de chancletas... y los pollos fritos de “La Perla”.

Así que, sin muchos cuestionamientos, uno lanzaba aquella tentación con desdén al mar de establecimientos gastronómicos tentadores del comercio y se iba feliz al huequito de Cisneros, a sabiendas de que allí sí le alcanzaba para merendar con un peso o dos.

Hoy el Mogambo ha muerto, y en su lecho lúgubre descansa una lápida pintoresca de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC), que le promete a extraños visitantes una cava de vinos, en especializado restaurante, y una segunda planta donde comprar los más puros tabacos de nuestra tierra. Todo, todo muy bonito, pero al lugareño nadie le explica qué fue o qué va a ser de su Mogambo; entre líneas solo puede deducir que “se ha ido del parque” y sus inmediaciones, y que la aparente causa de muerte es la expansión del voraz vecino “Café Ciudad”.

Por supuesto que a la gente no le estorba que crezca lo bueno y lo bello, como va creciendo y hermoseando nuestra ciudad hacia sus 500 años de la mano de los historiadores vecinos de El Carmen. Lo que sí duele de sus no pocos logros arquitectónicos, es esa manía recurrentemente molesta de proponer Bodegones, Caminos de Hierro, Bigornias e Isabellas con precios que van ya perforando la estratosfera, cada vez más lejanos de nuestros nacionales ingresos.

Ah!, claro, de alguna manera tienen que gestionar los de la Oficina esos miles de pesos necesarios para proseguir en su loable misión, pero la fórmula no puede ser invariablemente despojar al nativo de sus lugarcitos terrenales de consumo para abrir espacios al foráneo y su indispensable moneda propulsora.

¿Cómo pretender entonces que el camagüeyano de a pie se identifique con y proteja a una ciudad que no está al alcance de sus modestos ingresos? Hay que pensar también a esta urbe que se rescata de su secular letargo para aquellos que la moran, y no únicamente para quienes van por ella de paso.

Sin embargo, la justicia nos obliga a no estigmatizar a la OHCC como los asesinos del Mogambo. A fin de cuentas, no es su función primaria velar por las necesidades y problemas populares y sí la de rescatar de ruinosos estados al Camagüey más legendario, en lo cual, a qué mentir, clasificaba muy bien el ala hacia donde hoy se expande el “Café Ciudad”.

Quienes sí deben preocuparse por qué, cómo, dónde y a qué precios come el pueblo de esta patrimonial villa, son nuestras autoridades gubernamentales y los directivos de gastronomía del territorio.

Las primeras, debieron calcular del lado de su gente los contras de cerrar una unidad de gastronomía tan popular como esta. Su responsabilidad apuntaba a resolver el conflicto sin frenar el empuje de Ciudad 500, pero sin olvidar tampoco a quienes la viven en este siglo.

A los segundos, tocábales no ceder la entidad hasta tanto aparecieran lugar y condiciones donde seguir brindando el cotizado servicio de manera ininterrumpida y exigir, con todo el derecho que les asiste, un remplazo instantáneo al espacio que, en buen cubano, se les usurpaba. Gastronomía no debió darse el lujo de ceder una de la primadas unidades de su hit parade de ingresos, que diariamente, en alarde de rentabilidad, le recaudaba un promedio de 9 mil pesos, a pesar de sus precios enanos.

Pero por razones del Orinoco, en dilemas tales como este (Mogambo vs Café Ciudad) la moneda fuerte suele poseer argumentos más sólidos e impostergables, y a raíz de un bien evidente, termina generándose un mal mayor.

Los implicados argumentan muy convencidos la promesa de revivir “El Chorrito”, a menos de una cuadra de la fallecida entidad gastronómica que nos ocupa, para así seguir brindando sus reclamados servicios en la céntrica Cisneros. Pero a estas alturas, aún no se concreta el contrato con el MICONS, ni se termina el proyecto del inmueble, y aunque la obra tiene fecha de cumplimiento signada para el segundo trismestre de este año, quién sabe si le dé por seguir la tradición tan cubana de retrasarse… un poquito.

¿Por qué no se invirtió la ecuación y se esperó a la mudanza del Mogambo para luego empezar las obras del Café? ¿En qué tiempo record cocinó la OHCC esta expansión, que a los responsables no alcanzó para solucionar los daños colaterales? Estas son dudas insatisfechas aún luego de mi búsqueda de respuestas y de las muchas llamadas infructuosas a quienes pactaron la “sesión” de terreno.

Que me perdonden entonces la falta de credulidad, pero este tipo de proyecto fantasma que aparece oportuno luego de tomar una decisión popularmente comprometida como lo es el cierre del Mogambo, simplemente me suena a parche, a parapeto.

Ojalá que no, ojalá que en el 2012 ni se acabe el mundo ni se termine tampoco la gastronomía popular en este histórico centro por donde a diario trasiega también, junto a las coloridas bermudas y gitanas sandalias de los extranjeros, la tercera población urbana más grande de Cuba.

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Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
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8 respuestas a Réquiem por el Mogambo

  1. leniacuba dijo:

    María simplemente genial, hace falta que muchas personas y sobre todo las más indicadas lean este trabajo y hagan algo después.

    • nubedealivio dijo:

      Yuya, si supieras! publico esto aquí, aunque no sea el tipo de cosas que hago en mi blog porque cuando lo presenté en Adelante NO CLASIFICÓ… tú sabes. Nada, los indicados difícilmente se lo lean por esta vía. Seguiremos en combate.

  2. dayron dijo:

    Hola, amiga, recuerdo al Mogambo, a mis salidas de la Biblioteca, en mi época de estudiante, aunque creo que solo probé algo de ahí una vez, me asombra lo rápido que está evolucionando la ciudad en la Moneda Fuerte, creo que a mi regreso de tierras lejanas, no la voy a conocer, la suerte es que aún no ha muerto, las inolvidables pizzas de 5 pesos, según me han dicho, aquí las hacen malísimas, y bien te pueden arrancar, hasta 7 dolaritos, si es familiar…, por eso prefiero comprarla familiar y congelada, en el supermercado a casi 4 dólares, porque vienen dobles. Pero de lo que te quería comentar fue de algo que me estremeció en el trabajo hoy, yo trabajo en uno de los almacenes de una de las empresas más exitosas y millonarias de este país, claro pagan poco… así es esto por estos lares, lo cierto es que hoy nos reunieron, los de Seguridad, en un mitin, y nos dieron la noticia, que habíamos estado en contacto con pañuelos desechables para la nariz,” radioactivos” , por algún azar del destino, fueron irradiados en algún lugar, y estuvimos en contacto con el producto nosotros , además de los clientes de las tiendas,la solución? retirarlos y hacernos la promesa de que era muy poca radioactividad,una bobería, una bicoca, juro que si tuviera los datos del nombre del producto, y donde se contaminó, te los daba para que hicieras un reportaje en el Adelante, pero qué le vamos a hacer, así es en el país de las oportunidades, lo mismo te ganas un millón que te irradian, bueno amiga no te asusto más , besos ,tu amigo Dayron.

    • nubedealivio dijo:

      Dayron, espero que el episodio radioactivo se nos quede en el susto, que por cierto es grande. Ojalá puedas volver pronto sano y salvo a comerte las pizzas de a cinco pesos que, sí, sobreviven aún y no muy lejos de aquí donde trabajo. Un abrazo desde tu Camagüey de esta amiga a la que has dejado preocupada, cuídate mucho ok? Beso de nube.

  3. meteoradar dijo:

    Sí, en mis lejanos tiempos de estudiante de la Secundaria Básica Mártires de Camagüey, el Mogambo era también el refugio. Tanto que tengo la palabra hamburguesa soldada a la palabra Mogambo. Sí, hay que hacer algo, la gente se ha olvidado del viejo lema Bueno, Bonito, Barato…ahora refresca la vista y perfora el bolsillo.

    • nubedealivio dijo:

      Es así, mi amigo Orlando, las ofertas gastronómicas de bajo costo van desapareciendo pero los salarios siguen en el mismo lugar y no puede ser. Me alegra mucho que no sea solo mía la percepción de que algo hay que hacer al respecto, no podemos dejar que desaparezca este rincón de gastronomía tan popular y necesaria. Esperemos volver a comer hamburguesas en el Chorillo… pronto.

  4. rafael dijo:

    María: Un buen periodista debe dar el espacio que corresponde a lo emotivo y a lo racional, cuando ese espacio se pierde se nubla el sentido y las luces se confunden con la sombras o viceversa. ¿Cuánto de emotivo y cuánto de racional hay en tu valoración de este asunto?

    • nubedealivio dijo:

      Rafael, creo que en este post hay mucho de emotivo, no lo niego ni lo escondo, pues considero un orgullo que sea así. Cada trabajo que hago, cada cosa que escribo, me esfuerzo en hacerla de esta forma, desde lo más hondo de mi sentir. Nunca acuño lo que no siento, y no creo que ello sea un defecto al producto, más bien un valor añadido, porque el sello de la emoción- según me enseñaron en psicología- es el mejor gancho para seducir al lector y para persuadirle.
      Aún así, la carga emotiva que la desaparición del Mogambo me provocó no impidió que estas letras esperasen a una investigación de fondo para ver la luz. Remití mis interrogantes y mis inconformidades a los de la oficina de Proyectos de la OHCC, a los funcionarios de Gastronomía y a los del Gobierno, y en la mayoría de los casos me quedé con las manos vacías o con respuestas vacuas. Por eso hice un comentario y no un reportaje, porque con los argumentos que tenía, solo podía arriesgarme yo a firmar lo que iba a exponer. Al final, creo que el saldo ha sido más positivo de lo que pude imaginar, y veo que con su ayuda, a lo mejor sí podamos lograr esclarecer las cosas y publicar este Réquiem en letra impresa, con más argumentos y quizás- trataré de esforzarme- con menos emoción.

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