Vergüenza

niña lloraHoy me quedé dormida, y aunque no tengo una tarjeta que marcar a la entrada de mi centro laboral, sí me debo en puntualidad absoluta a mi hermanita Judith.

Cada mañana despierto antes de las siete para evitar que mi parsimonia le estropee su llegada temprana al cole, porque yo demoro cien minutos en elegir qué ponerme, unos noventa lavándome la boca y otros tantos desayunando.

Pero siempre he tenido claro que lo más importante del amanecer es la Yuya, estar lista para ella y para nuestra caminata matutina rumbo a la Anexa, donde una profe espera libreta en mano para apuntar a los que llegan tarde al matutino.

¡Cómo no apurarme! Durante seis años caminé su mismo trillo y sufrí con seriedad inaudita para mis cortos años las penas que me hacía pasar la otra de mis hermanas, la más contemporánea, que por entonces era pequeñita y también se encontraba a mi cuidado.

Yo tenía entonces que llevar a la Sarita conmigo hacia la escuela, pues ya era mayor y me fue “otorgada” como responsabilidad. Pero la Sary era tremenda remolona, le gustaba tomarse el pomo de leche de buchito en buchito, mientras amasaba el ropón de mami entre el índice y el pulgar. Y por eso yo llegaba justo cuando cerraban las puertas, con mi hermana culpable en manos y una vergüenza terrible de solo imaginar a mi profe Francisca recibiendo las quejas.

Siempre fui así… puntualita, por eso entiendo a la Yuya cuando me apura en casa y me pregunta cada cinco minutos ¿vamos a llegar tarde?

Hoy nos pasó. Por mucho que apresuramos la carrera, encontramos la puerta principal cerrada y en el trillo secundario la maestra del librito de rezagados.

Uno, cuando se va haciendo grande, comienza a tener vergüenza de cosas naturales y benignas como andar en cueros o decir la verdad, pero pierde un poco la pureza del bochorno ante lo mal hecho. Yo seguí mi paso impávida, agarrando una manita que de repente sentí tirante. Cuando bajé vista, un rostro contraído y par de lágrimas me frenaron en seco la carrera.

Mi niña lloraba, lloraba de pena por llegar tarde y yo iba como si nada.

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Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
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20 respuestas a Vergüenza

  1. mire dijo:

    jaja pobre Yuya, y mala tú jajjaja . Dios casi ni recuerdo si llegué temprano a la escuela alguna vez. Tú sabes mi tendencia a permanecer entre las sábanas de mi abuela. Jajaja me alegra que Yuya sea tan puntualita como tú, y no sientas pena por estar tarde en la puerta de la escuela nadie presta atención a estas listas … Un Besote

    • nubedealivio dijo:

      Ay Mire, aunque los listados sean cosa vana- yo también lo reo así-, sí me interesa que mi niña sea responsable, que aprenda de compromisos y disciplina. Por eso me dio tanta vergüenza con ella esa mañana. un beso de post cumpleaños, de tu nube hermana.

  2. Leidy dijo:

    Me encantó este post María, pobrecita Judith, la entiendo porque a mí también me pasaba cuando estaba en la primaria, y ocurría esto, hacía a mi mamá ir conmigo para que me justificara…cuando eso ya tenía edad de ir sola a la escuela.

    • nubedealivio dijo:

      Ay Leidy, quien que haya estudiado en Cuba no entiende esta vergüenza de llegar tarde. Todos pasamos alguna vez por eso. Espero que mi Yuya no recaiga más nunca en lo mismo por mi causa, aunque estos días de frío me hacen pensarlo tres veces antes de dejar la colchita caliente para empezar a alistarme en las mañanas jajajaja

  3. Leidy dijo:

    Sí, dímelo a mí, que por estar tan pegada a la colcha hoy, llegué tarde a la parada y se me fue mi guagua, cosa terrible porque mi trabajo queda aquí en la circunvalación y tuve que optar por venir en la bici, algo no tan recomendable por lo lejos que queda.

  4. rafael dijo:

    María: Lo más importante fue tu vergüenza, y sus lágrimas. Eres una hermana excelente, ya quisiéramos muchos haber tenido una hermana con tu vergüenza, tu dulzura y tu ejemplo.

    • nubedealivio dijo:

      Gracias Rafael, no sé si seré tan buena como me pinta, pero sí la quiero mucho a mi Judith. Hoy llegamos bien tempranito y merece doble excelente, porque está yendo a la escuela enfermita. Tiene un catarro… que pa’ qué le cuento.

  5. Es lindo leer tu blog. Tiene un no se qué de especial, de rememoranza por viejos tiempos y de ingenuidad y cariño eternos. Felicidades.

  6. Glenda dijo:

    Mari que lindo me gustó mucho tu post, me recordó cuando era una de las primeras niñas en llegar a mi primaria, (a veces la primera), porque mi mamá y mi papá tenían que dejarme allí tempranito antes de ir para el trabajo, a veces me ponía triste, pero la mayoría de las veces me servía para reflexionar o sacarle conversación y por ende hacer nuevas amistades, a otros niños a quienes los padres dejaban en la escuela tan temprano como a mí. Gracias.

  7. Glenda dijo:

    Ah, pero mis hermanas dormilonas nunca tuvieron que llevarme a la escuela. No, es broma, ellas salían antes que yo, te imaginas qué temprano.

  8. leniacuba dijo:

    Hay mi Tunie, te entiendo mucho porque, a pesar de que ya pasé también de los 20, me muero de vergüenza cuando cuando llego tarde y si no lloro es porque no me gusta que me vean hacerlo, pero me dan muchas ganas, de veras, tú eres buena, muy buena, de las mejores personas que conozco y me enorgullece que seas mi amiga. Sé que estas cosas te importan mucho, y mucho más tu hermana (hija). Te quiero

    • nubedealivio dijo:

      Yurischuchi, si de alguien he aprendido acerca de sacrificio, responsabilidad, deber… es de ti, mi hermanita. Además de amiga, has sido ejemplo e impulso (si me vieras ahora como ando con una agenda- como tú- planificándome los días para que me alcancen jajajaja). Sé que te sobra la vergüenza, hasta para exagerar en algunos casos y hacer dejadez plena de ti y los tuyos por el bien de los demás. Eso, aunque te lo he criticado porque me duele cuando no es compensado… eso te lo admiro y te lo envidio sanamente. Yo también te quiero… bueno, es alguito evidente eh? jajajaja Un besote, mi amorrrrr jajajaja

  9. Conde dijo:

    No creas que se puede jugar todo el tiempo a los escondidos, siempre hay alguien que nos descubre. La gente desde chiquita juega y aprende de la vida.

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