Mirelucha

Mirelys Rivero MuñozAhora que me pongo a hacer memoria, no sé cómo ni cuándo ni porqué empezamos a ser amigas. Dimos la una con la otra al comenzar el último año del pre-universitario, allá en la colorada tierra cubiteña donde las escuelas se llamaban Sola y se apellidaban con un número.

La que compartimos fue Sola 11, aunque para mayor prestancia la hubiesen nombrado Rescate de Sanguily. Ella, de trotamundos que es, ya había recorrido para entonces otras dos instituciones de la serranía, en busca del acomodo que los efervescentes de espíritu- como es su caso- nunca hallan.

El cartelito de niña nueva no le encajó nunca a su personalidad bullanguera y desinhibida. A menos de una semana en el albergue ya era la conocida de todos, la que abría al “pueblo” sin reparos su almacén de felpas, ganchos, pellizcos y todo tipo de aditamento de pelo traído por su tío del Yuma o comprado por su abuela, ambos vanamente enfrascados en embullárselo a crecer.

Ella prefería servir de peluquería ambulante a las demás, sin cobrar tributo, mientras mantenía bien a raya- con ayuda de su estilista de confianza Yuclides- el largo de aquella negrísima y envidiablemente lacia cabellera que jamás vi trascenderle la nuca.

Tenía más camisas que nadie, regaladas por amigos de las escuelas anteriores en calidad de amuletos, pero también prestaba eso, y las medias- si te hacía falta-, y el gel para acomodarse el cerquillo rebelde, y la colonia. La comida no… la comida la compartía, la regalaba. Nunca le conocí uno, un solito egoísmo.

Aunque su columna le dibujaba una perceptible ese en la espalda, nadie más presto que ella para escaparse a los naranjales, subir ramas y tumbar los frutos, o para explorar las cuevas de las cercanías. Creo que mi primera y casi única fuga de domingo fue con ella, Reglín y Vivu a la hermana Sola 6.

Qué tiempos aquellos ¿verdad Mire? Las cuatro fantásticas, rompiendo monte en medio de la nada, andando “a la my love” en ajustadores por entre los naranjales desiertos de gente, recogiendo nísperos para madurar en la oscuridad de una taquilla, cantando a coro a contrapelo de los gallos de Viviana.

Luego vino la universidad y el temor de distanciarnos. Y pasó… con casi todos menos con ella. La vida me demostraría que no era cosa de recibir las conferencias en el mismo bloque de edificios de la UC; yo mudaría de aulas y ella de país un día, y seguiríamos siendo las amigas de siempre.

Con Mire compartí cada concierto, lo mismo los multitudinarios de Buena Fe que en alarde de bafles y tumulto humano le revolvían su dormida epilepsia, que aquel de la pena de Moncada, donde ella, Lore y yo nos quedamos solitas en una plaza de la escuela aplaudiendo canciones ante el bochorno de los sentados.

Las mejores fotos de la infancia de mi hermana Judith también son obra y gracia suya. Yo no tenía cámara fotográfica (sigo sin tenerla) y ella se iba de vez en cuando a tirarme el cabo para que “su niña” no se quedara sin registrar en jpgs las bellacadas. Al partir, le dejó de recuerdo la muñeca del vestido rosado, esa con la que nunca jugó y que ahora la Yuya ha dejado sin techo de tanto peinarla.

Los mejores espaguetis de mi vida se los comí a su (también mi) mami Belkis, esa súper-abuela de las entrañas que fue el único argumento irrebatible para marcharse al Norte.

Pocos me creerán cuando lo diga… Mirelys no se quería ir de Cuba. Aún hoy- desde la otra orilla- se “manda” sus “numeritos” patriotas, para mi satisfacción y para el retorcijón de entretelas mondongales de los que no entiendan.

Nunca la he querido tanto como que aquel día en que me confesó había rechazado la propuesta de estudiar Historia, la carrera de sus sueños, allá en Miami con los cubanólogos. Nadie como yo entendería el sacrificio profesional y personal de una decisión así, a fuerza de puro orgullo.

Todavía a estas alturas, las dos seguimos sin saber montar bicicleta, como para hacernos la media hasta en las tontadas. Ella se casó con Jose, otro amigo de la más temprana infancia que por suerte se cruzó allá, en sus nuevos caminos… pero ya esa será otra historia que tengo que contarles, con más detalles.

Cada vez que alguien va rumbo suyo, yo me las arreglo para colarle en equipaje algún disco del Benny o Habana Abierta o X Alfonso o Liuba (quemados, por supuesto), algún libro nuevo o viejo, alguna foto, porque sé que ella vive de esos “pedacitos” allá. Y cuando alguien viene, yo recibo- por ejemplo- la última y más acreditada biografía de Gabriel García Márquez, porque mi Mire me sabe escoger la “pacotilla” que me gusta.

Gracias al cariño renegado que nos profesamos… y al facebook, mantenemos los chismes al día, quizás en contacto más cercano que aquel que tengo con muchos amigos coterráneos.

Esta es mi amiga, para que se entere todo el mundo. Sangre de mi sangre aunque ninguna prueba de compatibilidad pueda demostrarlo. Seis años llevamos de inseparables, aunque los dos y medio últimos vayan cargando el pesado monto de kilómetros que separa a Tampa de Camagüey.

El domingo fue su cumpleaños y ahora es que yo vengo a poner este post. Perdóname mimuchi, tú sabes que soy retrasada verbal… pero te quiero.

Anuncios

Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Mirelucha

  1. meteoradar dijo:

    Hummm, me parece alguien conocido….no te preocupes por lo de la bicicleta, yo aprendí a los 36 cuando me dieron una en pleno periodo especial.

    • nubedealivio dijo:

      Ah bueno, Orlando, entonces tengo aún esperanzas eh??? A lo mejor un día de estos me da por pedalear jajaja Y sí, estoy seguro que conoces bien a esta amiga en común, es de las buenas, tú podrás testificarlo.

  2. mire dijo:

    Si tu propósito era hacerme saltar el corazón LO LOGRASTE !!!!!!!!! gracias, este ha sido el mejor regalo que me han dado en mucho, pero mucho tiempo. Los detalles de cómo nos conocimos se pierden en el pasado por todos los GB de buenas memorias que tenemos almacenados. Tú sabes que para mí eres lo mas parecido a una hermana que se puede tener. En fin no tengo palabras para agradecerte suficientemente.
    Gracias te adoro y espero hacer muchas más de estas locuras juntas jajja
    PD: La foto que elegiste está del carajo. Dios que flaca estaba jajjajjaja\

    • nubedealivio dijo:

      Ay mi Mire, si supieras… lo de la foto, es que era la única tuya que tenía a mano de antes de irte. Quemé todas mis fotos en discos y ahora no me aparecen. Esa, aunque no lo creas, la tenía Judith guardada en una carpeta suya en la PC de la casa… porque te cuento que “tu niña” es medio Nerd. Sí, tiene sesión propia, con contraseña que cambia regularmente, y le encanta dibujar en paint (te prometo prontito un post acerca de esta nueva faceta jajajaja) Por lo demás, me alegra te haya gustado mi regalo, era lo más fácil de hacerte llegar pronto y lo más personal. Al final tú y Judith tienen que ser familia, la Yuya también se quejó con la nube por su foto en “Inocensuras”… y casi llora, hasta que prometí cambiarla jajajaja Un beso mi hermanita, espero verte este año y darte el abrazo que tengo atragantado.

  3. Nunca es tarde para hablar de los amigos. Y dedicándole un post…vaya, qué mejor regalo!!

    • nubedealivio dijo:

      Así mismo Leydi, yo siempre voy medio tarde a todo, pero trato de no faltar jajaja Este regalito llevaba cocinándolo dos días, es que es muy difícil escribir de la gente que uno quiere.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s