Riendas sonoras de la nación cubana

hombre a caballoAl principio no necesitó ni palabras. La soberbia sonoridad de sus notas desordenó el tedeum de la Iglesia Mayor de Bayamo cuatro meses antes de que Perucho le pusiera letra y hasta el gobernador de la plaza entendió entonces que aquellos fieles no lo eran tanto, que no agradecían a Dios ni ocho cuartos, que estaban tocando música subversiva.

No soy compositor, pero tenga la seguridad de que no me engañó”, le diría Udaeta al Figueredo tras llamarlo a contar por el desacato decibélico. Pero el abogado, satisfecho de haberse salido con la suya, fingiría una inocencia galileiana y seguiría moviendo sin embargo sus neuronas, en busca de los verbos precisos con que acompañar esta Marsellesa cubana a la hora de los mameyes.

Esa hora dichosa lo sorprendió a montado a caballo, un 20 de octubre de urgente triunfo mambí. Los bayameses, primeros cubanos en ganarse a golpe de machete el derecho de gobernarse a sí mismos, le rodearon cual frenético club de fans con un reclamo impostergable: “la letra, la letra!”. Y el autor tuvo que improvisar con las riendas en una mano y el corazón en la otra, porque a fin de cuentas, si la ciudad era libre, qué necesidad había de callarse.

Así habló por vez primera La Bayamesa, y le dijo a los cubanos cosas tremendas como que vivir en cadenas es deshonroso si se tiene las fuerzas para luchar y si suena un clarín, al menos uno. Espantó con su canto el miedo a una muerte que no lo es, porque el orgullo de la tierra madre que recoge tus huesos te hace imperecedero. Espoleó la conciencia de una nación donde el machete se hizo para darle uso.

Cuba y sus hijos sanguíneos no podrían haber cantado otra cosa. A un pueblo cuyo oficio más constante es “la lucha” no le pegaba otro himno que no fuese guerrero, hechao’ pa lante, guapo y noble a una vez. Un himno como el cubano, que se manda y se zumba.

Parida al galope, esta rienda sonora ha sido siempre para azuzar, para lanzarse; como nosotros, sabe poco de frenos y de desentendimientos para con esa madre a quien llamamos Patria.

Anuncios

Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Riendas sonoras de la nación cubana

  1. Enrique dijo:

    María Antonieta: Parece que la escritura espontánea de la letra a caballo, en plaza pública, fue una leyenda más de nuestra Historia. Pero una leyenda necesaria: una gesta tan bella como la cubana no puede prescindir de esta creencia. Perucho a caballo, poseído por las musas de la libertad que le susurraban al oído que la Patria contemplaba orgullosa a esos bayameses combatientes. ¡Tiene que haber sido así, qué caramba, como en Palmas y Cañas! Pensemos entonces que Perucho escribió estos versos guerreros donde nació lo cubano.
    Gracias por escribir tu himno del Himno en lo alto de tu nube.

    • nubedealivio dijo:

      Sí, Mila, a mí también me sonó siempre a leyenda urbana… pero como dices, es tan lindo que tiene que ser, uno quiere creerlo. Gracias a ti por leer mis himnos todos, los más y menos logrados, y por dejar siempre la huella de mi caimán amigo, que tanto me alienta.

  2. Orlando dijo:

    Como diría Galileo: pero se mueve…y al combate!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s