El oficio de simular la vida

hombre_de_teatro

Ya sé, ya sé que es demasiado recurrente esta manía de los periodistas de regir sus letras por efemérides, aniversarios, conmemoraciones y otros demonios del calendario; pero lean que a veces una fecha dictada como prioridad a una agenda informativa puede volverse pretexto para hablar de esas otras cosas que deben ser nombradas a diario.

Hoy le sucede así a este blog, que quiere recordar en su día a la familia del teatro cubano y en especial a la camagüeyana, cuyo rol siempre ha sido protagónico en el árbol genealógico de las tablas nacionales.

Un 22 de enero como el que va a ser este martes, a ciertos estrechos de mente se les ocurrió abalear y moler a palos a las puertas de un teatro habanero a ciertos activos espectadores de una obra donde se había gritado, sin miramientos, “viva Cuba libre”. Allí estaba Pepito Martí y Fermín y Mendive, y estaba otra turba de inconformes que buscaban en la cultura- como se busca desde siempre y hasta siempre- el alivio y la mecha para canalizar y prender de luz a las contradicciones sociales.

Desde aquellos “sucesos del Villanueva” hasta acá, la gente de teatro carga con esa imagen bendita de eternos revoltosos, de agitadores políticos, de agentes de cambio y removedores del alma.

Uno puede ir al cine a ver una comedia cubana vanal, o menear el esqueleto en una fiesta con la canción burda, o recorrer la galería saturada de cuadros que rimbomban y no comunican nada específico… y uno perdona un poco esas cosas, aunque duelan igual; pero al actor que late entre las penumbras de las bambalinas, nos cuesta mucho perdonarle el arte vacuo.

Y a fin de cuentas, ese de carne y hueso que se desnuda allí, en vivo y en directo, ante nuestro ojo crítico, es un hombre o mujer probablemente con mucho menos incentivo (económico, estatal, público) que cualquier otro artista para dejar la piel en lo que hace.

Los años se le pasan con un teatro cayéndosele encima, teja a teja, ensayando su arte de favor o prestado; alguna que otra función puede sorprenderlo con una gotera que le invita (¿obliga?) a la improvisación; las telas, vestuarios, maquillaje y escenografía son traumas con los que probablemente tendrá que lidiar su ingenio y su bolsillo; sus probabilidades de ir a progresar talento a otras tierras son nulas y pocas veces desordenará a las cámaras y micrófonos como lo hace un reguetonero, un actor de telenovela o de cine o un pintor famoso.

Aún así, “intrascendida” y apocada, la gente de teatro subsiste, se empeña, se levanta cada mañana con ímpetu de deportista olímpico a correr, a moldear su cuerpo con cuclillas y ejercicios de estiramiento, y cuida de su voz como un Sinatra y vibra en cada función aunque el público sea de cuatro gatos.

Su oficio es simular la vida, tal cual nos sucede y nos duele cada día, y quizás eso lo hacen mejor que nadie, porque mejor que nadie dominan y padecen los argumentos.

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Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
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6 respuestas a El oficio de simular la vida

  1. Pancho dijo:

    Me gusto tu cronica.La fecha marcada en el calendario nos ayuda mantener vivos los recuerdos que nos inspiran y alivian en el peregrinaje de la vida. Dejemos a la mala memoria que se ocupe de los recuerdos malos. Un abrazo Tu primo Eduardo

    • nubedealivio dijo:

      Gracias mi primo, las fechas siempre nos remueven cosas en el pecho, aunque uno a veces no quiera. El ser humano es un ser de ritos, ellos hacen la vida, le dan ritmos, marcas para orientarse cada cierto tiempo. Y tu prima tiene muy mala memoria, pero le gusta recordar y amarrar las nostalgias y aprovechar también las coyunturas para montarles encima otras cosas jajaja un beso

  2. Al menos en Camaguey los artirstas desafìan los contratiempos y mantienen, como pueden, la tradiciòn a flote. En mi natal Trinidad apenas sobrevive el teatro como manifestaciòn, porque la recuperaciòn del local principal no acaba de cuajar, aunque debo reconocer se ha avanzado bastante, aunque llegado el punto de la reapertura me pregunto si los teatristas del territorio volveràn a las tablas… Saludos.

    • nubedealivio dijo:

      Carlos Luis, no creas, también acá en Camagüey, donde la tradición es fortísima, hay largos periodos de estatismo. Tenemos un grupo muy bueno y activo: Teatro del Viento, y un Guiñol que persiste, y algo más por ahí, pero sé que podría haber mejores cosas, mayor calidad en escena, mayor estabilidad en cuanto a propuestas, si hubiese mejores condiciones. Tu anécdota de Trinidad no es aislada, los Del Viento que te cuento se pasaron aaaaños antes de tener sede propia. Espero que la infraestructura vuestra emerja antes de que decaiga finalmente el espíritu.

  3. rogelio86 dijo:

    ¡Qué bien escrito tu post viajero del Teatro a la Vida y vicerversa! Agradezco mucho la sensibilidad con que tu Nube se posa en el alma de estos artistas, ¡qué sombra con más luz regala tu Nube para meditar sobre este arte de mil fuerzas y esfuerzos! Gracias.

    • nubedealivio dijo:

      Gracias a ti Roge bueno, que nos llenas siempre de tantos halagos sentidos, y que llegas sonriente a alegrar esta redacción, y abrazas a tus colegas hermanas y hasta las levantas en peso jejejeje Un quiero para ti, sin teatro ninguno, uno de verdad.

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