Tranquilo, Tony, tu música habla por ti

Leandro Armando Pérez Pérez

La entrevista a Tony me la maleó un dolor de barriga. De él, no mío (que conste). Yo en menos de doce horas me hice “socia” de dos de los carpeteros del Hotel Plaza, que habrán pensado que era una gruppie la que llamaba tanto y no la periodista que juraba querer entrevistarlo.

El martes, al otro día de no aparecer, fui y le hice guardia en el lobby toda la mañana, y hasta volví a llamar aún cuando parecía que me “barajaba”. Yo tenía tres hojas de mi agenda llenas de preguntas, Tony, de preguntas que no eran ¿qué se siente estar en Camagüey? o ¿qué trae el próximo disco?… pero supongo que hay cosas que están para no ser.

Me vine a rendir a las 8 y 20, cuando te vi llegar en la Yutong al Principal con tiempo apenas para salvar la puntualidad de la cita con tu público. Entré determinada a ya no preguntarte nada, a hacer la reseña casual, la sopa que también uno hace; pero la pseudo-bravura profesional no iba a durarme mucho, ni siquiera azuzada por el numerito a la entrada de “no hay palco para la prensa, solo invitados en el segundo piso”.

Porque entré y me senté donde pude, y al primer acorde se zafó de mi voluntad la otra que te escuchó decena de veces tu Rodilla en tierra en aquel viaje largo a Baracoa. Se zafó y ya no hubo manera de estar enojada o de urdir desde el oficio castigos al artista esquivo.Leandro Armando Pérez Pérez

Fue muy lindo mirar en la oscuridad a tu público, descubrir que casi la mitad de la gente tenía menos de 30 y casi la otra mitad más de 60. De nuevo me convencí de que tú eres un bicho raro, negro, un filósofo que dejó el Marxismo-Leninismo de aula para meterse a trovar sus razones; que nació en Marianao y migró para atrás, para Cárdenas; que su fanaticada se compone de viejitos revoltosos parados a mitad de la descarga para pedir canciones o echar el pasillo, y de gente joven que se ve en tus letras, en aquello de quitar cerrojos y herrumbres a la casa que no cambian por ninguna, más que nada por tener allí dentro las cosas más queridas.

Tú has dicho cosas inmensas, como eso de que ojalá Cuba no se muera vendiendo en el mostrador de un Timbirichi; o lo de que hay quien está en la cima y no fue a la loma; o aquello de consultar con los hermanos los cambios que a la casa sobrevienen y quitar viejas cerraduras y paredes sobrantes. Tú has dicho todo eso, pero lo has dicho con un bongó y un tres de fondo, como quien suelta las verdades más duras en un chiste para que duelan menos. O como quien canta la realidad con esperanza de ver surgir otra.

Será por eso que aunque haga falta el shampú Kerol y el jabón de baño, o que con ese dinero se compren una pila de pizzas de cinco pesos o al menos un paquete de pollo porcionado y caro en las TRD (como sacan en claro tus cuentas); siempre habrá, verás que sí, quien compre en tres y pico o en cinco CUC lo que vale tu música según ARTEX. Hijo, si dejaron el martes de ver la novela brasileña por ir al teatro a hacerte coros…

De todos los temas nuevos que adelantaste a buchitos en el concierto, el que me “mató” fue Cubas. “Hay una Cuba en las fotos, otra que paga los platos rotos… una Cuba dentro, una Cuba afuera, una de mentiras, otra verdadera…”. Recuerdo los fragmentos como navajazos. Ese va a ser el éxito del fonograma en camino, aunque Cascarilla y la del ciclón estén tan cómicas y “recholatozas” como La Choza.

Mira, viejo, sabemos que para los frijoles a ti te hacen falta Juana y otras así, pero si sobreviviste Varadero sin volverte un guarachero de postalita, no sé, tú procura compensarnos con canciones como Cubas a los que te perseguimos por el filo social de esa lengua que Dios te la bendiga.

Leandro Armando Pérez Pérez

Lo único que de verdad no te perdono todavía es eso, que hayas cerrado con la puñetera Choza de Chacho y Chicha, cuando yo, despojada de toda vergüenza, te grité “Tony, ¡La Nubes!”, desde mi fondo del primer piso. Vaya, yo sé que esa canción probablemente solo nos guste tanto a Yon, al otro muchacho que se atrevió a pedirla en la oscuridad del teatro y a mí; pero igual podías haberte despedido al menos con Balsero, que tampoco la cantaste (y tampoco te lo perdono).

Pero no hay lío, Tony, ni por eso ni por la entrevista que no te hice. Aunque no hablamos, tus canciones y yo tuvimos conversaciones muy serias… como nos pasa siempre que coincidimos. Y mi amiga Gretel me puso luego en su celular Las Nubes, y yo voy a publicar Balsero en esta página para que la lea el que no la escuchó esa noche y el que le haga falta.

Igual otro día yo te cojo, y nos damos unos traguitos de jarabe antiespasmódico, y va y hasta saco mi agenda y te hago las preguntas. Tú veras, Tony, de esta trastada tuya, yo me vengo.

Fotos: Leandro Pérez Pérez y Juvenal Balán

Balsero1

Balsero (texto y música de Tony Ávila)

Tengo un amigo balsero

Que se fue por Varadero

En un madero con poli-espuma

Allá por el mes de enero.

Que no salió de Sevilla

Que no era un gran Bucanero

No tenía brújula ni astrolabio

Y mucho menos dinero.

Tengo un amigo balsero

Que titubeó en la frontera

Cantando guantanamera y el manisero

Dejó un amor en la arena

A nombre de la fortuna

Y con ese combustible

Se fue a la Yuma.

No es un problema jurisdiccional

Solo tenía sueños de ultramar

Nunca le dijo Castro a Fidel

Solo era un personaje sin papel

Que se tomaba en serio lo de izar

Las velas que a su juicio le harían bien

A su bolsillo, a su escalera, y a su nivel.

Es tan antiguo aquello de emigrar

El hombre siempre alguna vez partió

Amén de su gobierno y de su status-quo

¿Cómo le pongo al gato el cascabel

Yo que me quedo en este litoral?

No es mi enemigo todo el que se fue

A su bolsillo, a su escalera y a su nivel.

Tengo un amigo balsero

De donde crece la palma

Tuvo esperanza en el bombo y perdió la calma

Y aquí me ven con Elpidio Valdés

Sé que hay un pato Donald por allá

Que nunca entenderé como a Valdés

Con ese Inglés.

Son tantas las maneras de emigrar

Y ya lo dijo Frank alguna vez

A cuenta y riesgo yo me quedaré

Con mi bolsillo, con mi escalera y a mi nivel.

Que se vaya el que se vaya

Que se quede el que se quede

Lo malo son los extremos

Aunque la nave no llegue

(letra tomada del blog Segunda Cita, de Silvio Rodríguez)

VIDEO:

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Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
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13 respuestas a Tranquilo, Tony, tu música habla por ti

  1. salvatore300 dijo:

    y que viva la guaravenganza

  2. Mar dijo:

    Ay Tunie…. yo también hubiese gritado contigo!!!

  3. nada, o casi nada... dijo:

    Ah! Que omisión para otra nube. Tal vez porque él sabía que estabas en el público y ya no hacían falta más nubes esa noche. Me alegra que a pesar de los pesares hayas disfrutado el concierto y te agradezco que nos hagas casi vivirlo a los que no pudimos estar.

    • nubedealivio dijo:

      Sí, a pesar de la entrevista no concretada, disfruté muchísimo el concierto y si tú sentiste casi como que lo vivías a través de mis letras, pues doble excelente. Gracias por volver y comentar 😉

  4. Camilo Santiesteban Torres dijo:

    Sí, es verdad el tipo es bueno pero es una de cal y una de arena, el tipo tiene que cantar cositas que le endulcen los oídos a lagunas personas porque sino o veré como el pobre Yumurí de carnaval en carnaval, y nada de Habana. Yo tengo pensado ponchar unas cancioncitas de él en un acto cualquiera de la juventud en mi centro, para ver si levanto chispas, tú sabes que lo mío es tititintintintintintin…. ininniajajaja. Besos

    • nubedealivio dijo:

      jajajajajajaj kmilo!!!! deja los incendios jajajajaja. Pero eso sí, cucha a Tony, que ese tipo canta duro. Y bueno, sí, que haga sus guarachitas gozonas, que eso también entretiene y saca la sonrisa. Un beso, manito

  5. Juvenal dijo:

    Me gustó tu trabajo, solo te aclaro que las fotos del concierto pueden ser de los autores a los cuales les das crédito, porque la foto de la balsa es de mi autoría y me llamo Juvenal Balán Neyra.

  6. nena, ta bueno eso. Te cuento que en Guantánamo me pasó casi lo mismo. Hasta yo me vengo jejeje. Aunque acá, gracias a no sé quién, sí cantó Balseros.

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