Decadencia y caída del ajiaco sanjuanero

 

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Fue triste tener que buscar tanto. Dice Carlitos (que ha sido chofer del periódico desde hace “uffff”) que diez años atrás uno se topaba tres ollas por cuadra y a todos los vecinos botados para la calle, y las aceras adornadas con serpentinas y bombillos y cosas de todos los colores.

Pero el del 2014, siguiendo la curva de decadencia que sus antecesores parecen dictar, ha sido un San Juan de poco sazón en los barrios. Lo comprobamos este martes, a eso de las seis de la tarde, cuando salimos en equipo a buscar instantáneas para Adela y en recorrido de hora y algo por centro y bordes de la ciudad, apenas alcanzamos a sorprender una decena de caldosas al fuego lento de los festejos.

La caldosa o ajiaco, preparación típica del Caribe consistente en un caldo hecho a base de viandas, carnes y legumbres, es tenido en Camagüey por plato autóctono y solía ser uno de los hitos “infaltables” de sus verbenas de junio. Cada 24, la vecindad de las distintas barriadas o repartos de la ciudad se congregaba para preparar a muchas manos el cocido, y alrededor de la hoguera se orquestaba un “rumbón” colectivo a ritmo de la música que alguien sacaba de su casa y de los traguitos de cerveza o ron que para la ocasión se compraba entre todos.

Era una verdadera fiesta de toda la familia (sí, porque en Cuba tus vecinos son tu familia también). A las mujeres les servía para ponerse al día con los chismes de las amigas, mientras pelaban las viandas; a los hombres, para ejercitar su dominó de doble nueve y hacer un campeonato de esos de esquina donde se grita “capicuba” a to’ meter; y a los niños y muchachos en general, para mataperrear de lo lindo, jugar al pon, a “cruzrojaé”, a las escondidas, y bailar, y probar a enamorar a la vecinita linda.

Ahora ya casi nadie hace el ajiaco del San Juan. Cuando uno pregunta a los pocos que sí (como las familias de la calle Palma o de Jesús María), la gente cuenta en primera instancia las carencias y la falta de apoyo gubernamental al asunto, porque en los últimos tiempos la comisión oficial de los festejos destina menos recursos a incentivar la tradición.

Antes, cuando también había crisis (vamos, ¿cuándo del 90′ a acá no ha estado Cuba en crisis económica?), se destinaban a los vecinos una cosa llamada “corte”, que por precio módico incluía viandas y huesos para hacer el caldo. Hoy el corte se mantiene, pero ha menguado mucho en cantidad y calidad de la oferta, y los precios han aumentado, y ya prácticamente es más lo que los entusiastas sostenidos compran por ahí, por sus medios, para echarle al asunto, que lo que reciben del Estado.

Sin embargo, la misma esencia del surgimiento de la tradición apunta como meollo del asunto a la iniciativa y no al subsidio gubernamental. En los primeros años de leyenda del matrimonio entre ajiaco y San Juan, el financiamiento surgía en la olla: un círculo trazado a tiza por algún vecino en medio de la calle para una recolecta pública, donde todo el que pasaba echaba algo de dinero.

No había citaciones, pases de lista, tiquets ni otro tipo de formalidad grotesca. Aquello era un goce del cual participaba todo el que quisiera, fuera o no del barrio, y donde se pasaba una tarde-noche de esas que nos llenan de orgullo a los cubanos cuando alardeamos de nuestra familiaridad como pueblo.

Pero eso son las historias de antes. Ahora, cuando uno recorre Camagüey el 24 de junio y no encuentra casi rastros de humos, esas historias dan más que nada mucha nostalgia. Y dan también preocupación, porque el tejido intangible de lo que es un pueblo se descose con menos estrépito del que provoca el derrumbe de un edificio colonial o Art Deco, y entonces pudiera ser que nos estemos perdiendo herencias inapreciables casi sin darnos cuenta.

FOTOS: Leandro Pérez Pérez (más)

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Acerca de nubedealivio

María Antonieta Colunga Olivera. Licenciada en Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.
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9 respuestas a Decadencia y caída del ajiaco sanjuanero

  1. leniacuba dijo:

    Reblogueó esto en Ala y raizy comentado:
    Mucha rezón tiene Tunie cuando al final de esta buena crónica nos concluye “pudiera ser que nos estemos perdiendo herencias inapreciables casi sin darnos cuenta”

  2. Excelente crónica. Contada con esmero, buen gusto y buena pluma! La “robo” para mi FB el timbeke…

  3. Nube, nube: no te rindas, que si te rindes no vamos y si no vamos no triunfamos. Y si no triunfamos: ¿qué nos queda?

    • nubedealivio dijo:

      Rafael, como en la canción popular: yo trato-trato-trato… así, muchas y repetidas veces. Pero en días como hoy siento que no consigo avanzar. Gracias por darme ánimo e impulso. Y sigue irredento también tú 😉 besitos

  4. Camilo Santiesteban Torres dijo:

    Nena, aquí en tu capital es peor, si te encuentras – en este caso el 28/09 – cinco caldosas en todo un barrio es un logro. La cosa está en llamas y pinta para peor. La economía arrecia y sapucaia es grande. Te extraño linda. Kmilo

    • nubedealivio dijo:

      Mijo, estuvimos en Labana (pa colmo, allá en Guanabacoa) y no te vimos 😦 Ónde andabas?????? También a ti se te extraña, como a los buenos ajiacos de barrio. Un beso grande.

  5. Manuel dijo:

    No se desanime, como dijo Martí, creo en la virtud y el mejoramiento humano, felicidades por su verbo y elegancia, Uds son el futuro, un periodismo que nos acerque a la realidad cotidiana, que nos haga mejores a pesar de las necesidades y carencias nos rodean, no se detengan, saludos.

    • nubedealivio dijo:

      Gracias Manuel, por ver tanto en nosotros. Le aseguro que si algo somos es eso: un bulto de no pocos con los mismos sueños. Y que no tenemos en planes ningún tipo de detenimiento 😉 Un abrazo y la esperanza de que siga leyendo.

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